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Electrónica de Sur a Sur
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Paola habla desde el aeropuerto de Barcelona, donde espera el vuelo que la devolverá a Costa de Marfil tras tres semanas en España. Lleva ya dos años establecida en Abiyán, una urbe que le permite trabajar en sus dos pasiones, la arquitectura y la música electrónica, y donde Electropique se abre hueco gracias al apoyo de instituciones como el Instituto Goethe, a la Embajada de España en Costa de Marfil y al interés que está despertando entre un público un poco huérfano tanto en cuestión de arquitectura como de electrónica.

Bagna precisa que completó la carrera de arquitectura en Barcelona y que trabajó posteriormente en grandes urbes europeas como Londres, París y Berlín, antes de recalar a la vera de la Laguna Ebrié.

"La música y arquitectura son mis dos grandes pasiones, aunque no sabría decir cuál de las dos va primero", aduce. Y cuenta que, en seis años en Berlín, tuvo la oportunidad de descubrir más a fondo el género electrónico, gracias a la vasta y variada oferta de clubes y eventos de la ciudad y a buenos amigos metidos en el sector. "Por pura afición, empecé a hacer mi colección de vinilos y monté mi mesa de mezclas en casa. Cuando llegué a Abiyán, me faltaba todo eso y paralelamente, por curiosidad, me fui poniendo al día en la música electrónica local y en la africana en general", dice.

Paola descubrió así a Raoul K, un DJ de Agboville (Costa de Marfil), que se exilió en Alemania en 1992 y que ahora vive en Lübeck, donde integra instrumentos tradicionales de su tierra, como balafones o koras, en su repertorio. "Escribí al Instituto Goethe y su directora para poder hacer un proyecto con él", continúa Paola. A los dos días, la directora del Goethe, Henrike Grohs, la llamó y quedaron. Bagna descubrió a una mujer apasionada por la cultura y capaz de aunar un escrupuloso respeto por su tierra de acogida, Costa de Marfil, con una iniciativa entusiasta y un profundo conocimiento de todo tipo de expresiones artísticas contemporáneas.

Grohs le dijo que la electrónica era un género nuevo en el país, donde todavía no se conoce ni hay escena. También que si se lanzaba a un proyecto de este tipo, no quería hacer algo para expatriados, una suerte de segregación cultural para blancos, sino trabajar para los locales."Me lanzó el reto. Hablé con una compañera marfileña, Isa Guipro, y montamos Electropique. Queríamos presentar una electrónica mezclada con música del continente y poder ofrecer un producto con el que la gente pudiera sentirse identificada", añade la arquitecta.

Electropique ha organizado varios eventos tras su fundación en 2015, desde fiestas en locales con artistas del continente como Steloo (Ghana), Black Charles (Costa de Marfil) o DJ Cortega (Senegal)  hasta talleres con niños. No querían quedarse en la pura y simple fiesta nocturna: deseaban ir un poco más allá, llevar el proyecto al terreno del intercambio cultural. Bagna dice que, al principio, reunían a un centenar apenas de personas en los eventos que programaban, pero que el público se ha ido ampliando con el tiempo hasta quintuplicarse. Y que sigue creciendo. Son novedosas, tienen precios populares y además, han descubierto un nuevo filón creativo que da un punto diferente a su trabajo: la conexión con la arquitectura.

"Henrike Grohs me llevó por el barrio de Plateau, donde existe una serie de edificios emblemáticos, muchos desconocidos o abandonados. Hay un patrimonio arquitectónico increíble. Descubrimos el hall del edificio de la compañía eléctrica y ahí entró en escena Luis Prados, el embajador de España", apostilla.

A la vista de todos e ignorado por la mayoría, como gran parte del "brutal" catálogo arquitectónico de la capital económica marfileña, este singular rascacielos se les reveló, con su hall adornado con elevadas columnas de mármol y sus vidrieras deslumbrantes, como el sitio perfecto para servir de escenario a la electrónica africanizada de Raoul K. Sin embargo, Bagna era consciente de que era imposible que ella contactara directamente con el propietario del rascacielos y habló con el embajador Prados, que ya le había comentado anteriormente su interés por lanzar un proyecto en torno a la arquitectura. Él realizó la gestión necesaria para que Electropique pudiera usar el edificio. Raoul K pinchó allí, aunque Henrike Grohs no pudiera verlo, asesinada en el atentado del año pasado en Bassam, apenas un mes antes del evento.

Un nuevo concepto había nacido: Electropique no sería sólo una fiesta de noche ni tampoco presentar a artistas próximos al sonido africano y electrónico, sino que también ayudaría a sus fieles a descubrir espacios que la gente no ve de primeras, que pasan desapercibidos, pero que son muy interesantes. De ese primer evento surgió también la colaboración con Issa Diabaté, uno de los jóvenes arquitectos más prestigiosos e innovadores del país. La música se completó con una exposición y una charla previas de Diabaté y se hicieron fotos antes y durante el evento para ver cómo cambia el espacio cuando se crea una atmósfera.

En esa misma línea, la cita del sábado pasado con Electropique cuenta con el apoyo de las embajadas de Israel y España y prosigue la colaboración con Diabaté y la vocación multidisciplinar.

"La idea es trazar puentes entre artistas, espacios, gente", subraya Bagna. "Red Axes pasará unos días en Abiyán no sólo para el evento sino también con sesiones de intercambio musical con la banda marfileña Yakomin y con estudiantes de música. Quizás grabarán un posible EP, quién sabe. Es de los proyectos más bonitos que he hecho hasta ahora".

Bagna explica que en África no está todo tan regulado como en Europa y eso significa que hay un poco de libertad y muchas oportunidades por explorar. "Si le pones ganas, esfuerzo, paciencia y contactos, puedes llevar a cabo ideas y proyectos que, quizás, tendrían otro tipo de dificultades en Europa", señala. "Esto no lo haría en Barcelona o Berlín, pero aquí contamos con instituciones y buena gente que apoya. Que la escena sea muy nueva también ayuda. La gente es curiosa y tiene ganas de novedad".

Ángeles Jurado

La arquitecta Paola Bagna estuvo de Erasmus en Berlín la primera vez que vivió fuera del territorio español. Otro lugar, nueva gente, nuevos aires. Cuando volvió a Barcelona para terminar la carrera y el proyecto final, ya llegaba con la idea de irse otra vez. Mandó el curriculum a Londres y Berlín. En Londres, le dieron una oportunidad de trabajo en un despacho pequeño, con una beca Leonardo da Vinci. Le pusieron con un proyecto en Adis Abeba que fue su primer contacto con África.

Pasó dos años en Londres, contratada al finalizar la beca. Y quedó una relación muy cordial con la gente con la que trabajaba en el proyecto de Etiopía. Regresó a Berlín para pasar allí seis años.

En 2013, por esas casualidades de la vida, un correo spam suyo llega a todos sus contactos incluida esa contraparte etíope. Coincidió con un momento en que empezaba a hacer cosas por su cuenta. La llamaron y comenzó a trabajar con sus antiguos socios. Una de las primeras cosas que hicieron fue llevarla a Abiyán. Le ofrecieron la oportunidad de trabajar con proyectos en África durante dos años, todavía radicada en Europa. Luego la enviaron al terreno, a Abiyán, de manera permanente.

Trabaja en un departamento inmobiliario con varios proyectos arquitectónicos. Y también elabora un proyecto suyo, el Hotel Lepic, una casa antigua, de la década de los sesenta del siglo pasado, con 2.000 metros cuadrados y que está convirtiendo en un hotel tropical urbano, vintage, con una imagen del África moderna sin caer en tópicos.

03/04/2017 08:51:26
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