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Esa flamante nueva generación
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La misma semana en que se anunciaba la extraña alianza entre Juan Perro y Sexy Sadie como una de sus grandes bazas para el cartel de este próximo verano, el festival Sonorama desembarcó este sábado en La Riviera madrileña para animar el cotarro con cuatro de sus puntales. En realidad, uno de ellos, los conquenses Fizzy Soup, aún tiene pendiente el salto a la primera división del indie, circunstancia que no parece improbable a juzgar por el empuje apasionado de Sonia y Javi. La pareja resulta más interesante cuando recuerda a Lewis & Leigh que a Of Monsters and Men, pero su recién manufacturado segundo álbum, Not so far, deja un amplio margen al optimismo.

Tanto Luis Brea y El Miedo como Shinova y Second son formaciones mucho más consolidadas, que sirven para explicar el lleno en la sala junto al Manzanares, pese a que la meteorología se había inclinado por una noche antipática. La cita agosteña de Aranda de Duero se decanta por el producto nacional, como el Festival de Málaga hace con el cine español, y la apuesta se antoja merecida y, sobre todo, propicia. Por primera vez en años disponemos de cantera suficiente para hilar una nómina apañada, con independencia de que los méritos de unos y otros sean, claro, desiguales.

El madrileño Brea y sus socios de El Miedo figuran entre los que progresan adecuadamente. Casi como un tiro, porque su nuevo Usted se encuentra aquí, título encantador para un disco desprecintado este mismo viernes, conserva las pautas anteriores pero aporta un plus de arrestos, de empuje, incluso de extroversión. “Hay una nueva generación por la calle. Escriben cosas raras con el móvil, pero a mí me gusta”, explicó Luis antes de hincarle el diente a Nueva generación, ese sencillo de estreno que tiene algo de icónico y de generador de hermandades, a juzgar por toda esa aristocracia del indie que se ha dejado retratar en su divertido videoclip.

La sorna siguió siendo la protagonista en el ameno aperitivo de tres cuartos de hora, entremezclada con cierta ternura. Y a veces con ese punto deslenguado (Discotecas) que los coloca en la misma órbita de Novedades Carminha, un paralelismo que se acentúa con la afición a las viseritas de los respectivos jefes de filas. Postpunk al margen, Brea y sus miedosos sacaron provecho de otros activos, como el seductor aire mexicanizante de Dicen por ahí o la condición de himnos que ya van alcanzando, como mínimo, Mil razones y Automáticamente.

Con los vizcaínos Shinova, otro grupo de marcada progresión ascendente, se disparan a un tiempo la ilusión y las dudas. Disponen de uno de los mejores cantantes del circuito, el embaucador Gabriel de la Rosa, anoche tocado con bata de púgil para la inaugural El combate del siglo. Y su sentido enfático resulta imbatible en el formato de nueve canciones y 45 minutos, pero las hechuras son demasiado similares entre sí como para avalar una mayor evolución.

En realidad, se hace raro que el discurso épico de Shinova sea un poco diferido, digamos que más por el camino de Izal que por el de Vetusta Morla. Pero parte de la munición es espléndida. Sobre todo, Doce meses, una de esas canciones que lo tiene todo: historia, desarrollo, hechizo, gancho. Y Volver, la canción que da título al nuevo álbum y la que Shuarma se olvidó de escribir para acabar de dar lustre al repertorio de Elefantes.

Los tres grupos se marcaron con De las dudas infinitas un muy bonito homenaje conjunto a Supersubmarina, la formación jiennense que aún sigue recuperándose del gravísimo accidente de tráfico sufrido el pasado agosto. Y todavía faltaba el festín final de los murcianos Second, los únicos que disponían de una hora larga en la programación, lo que les permitió explayarse con 13 temas y hasta un bis. Curioso, porque Sean Frutos y los suyos tienen algo de banda meritoria pero despersonalizada, una de esas formaciones que invita más a la comparación que a una definición en primera persona.

La negrura parece ganarle un poco la partida al epicureísmo en las canciones más recientes de Second, como esas Esto es solo el principio y Primera vez, que sirvieron para abrir boca. Pero los ooh ohh eternos, como los de Muérdeme, siguen arrojando mejores réditos ante el enjambre de brazos elevados.

La sesión acabó con alguna sorpresa, como el estreno casi absoluto de la cósmica Invierno dulce, el estupendo colocón extático de Nivel inexperto y, sobre todo, el bautismo rockero del actor Carlos Santos, Goya por El hombre de las mil caras y magnífico en su bunburyzación para Lo único. La anunciada colaboración de Shinova en la plúmbea Nos miran mal no llegó a materializarse, entre otras cosas porque en ese momento los vascos firmaban carteles en el tenderete del mercadeo. Rock y mercadotecnia: una alianza ahora mismo ineludible. Y que seguramente contribuya a agrandar esta heterogénea, irregular pero flamante nueva generación.

26/03/2017 13:54:09
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